El trabajo de fuerza muscular (no hablamos del desarrollo de la hipertrofia muscular en cuanto a volumen o percepción sólo de volumen muscular) lo vemos fundamental, desde nuestro punto de vista, para cualquier persona que quiera mantenerse en forma y pueda colateralmente mejorar sus umbrales de fuerza básica. Siempre han estado mal vistos los ejercicios de fuerza o musculación de gimnasios para personas con molestias o dolores ocasionados por lesiones o malos hábitos de higiene postural, pero poco a poco, esta tendencia está viéndose relegada a un segundo plano, y cada vez vemos más gente con problemas de salud articular recurriendo a centros deportivos.

El problema surge cuando para tratar posibles molestias articulares recurrimos a ejercicios inadecuados, técnicas o métodos inapropiados y ejecuciones técnicas incorrectas, comprometiendo aún más si cabe, nuestras articulaciones ya debilitadas. Es por ello que vemos fundamental la explicación de ciertos factores básicos antes de empezar cualquier programa de entrenamiento enfocado a la salud.

El primer término es la localización de la tarea, entendiendo esta como que la hora de entrenamiento es para ello, intentando focalizar toda nuestra atención en la musculatura implicada, así como su adecuada contracción localizada.

Otro factor clave que vemos determinante a la hora de empezar cualquier programa es la velocidad de ejecución técnica (dentro del marco de la salud y el ejercicio, no hablamos de rendimiento) ya que una elevadas cargas inerciales podrían comprometer nuestras estructuras ya dañadas. ¿Qué queremos decir con esto? Que aumentando los picos de fuerza (aceleraciones) durante la puesta en práctica de nuestros ejercicios, incrementamos proporcionalmente el riesgo de lesión. Por tanto, velocidades medias-bajas, controlando el ‘tempo’ y el tiempo bajo carga (TUL) siempre bien acompañado con una rítmica y adecuada respiración que evite apneas.

Finalmente creemos fundamental una concatenación de ejercicios progresivos, que ayuden a nuestra musculatura a adaptarse a los diferentes estímulos planteados. Por tanto empezaremos con ejercicios menos integrados (donde participen menos articulaciones de manera conjunta) para poco a poco realizar tareas de mayor complejidad motora. Una progresión básica (depende para cada cliente, no nos gusta estandarizar) podría ser empezar con ejercicios de resistencia manual con la finalidad de enseñar a ejecutar adecuadamente, para después dar pasos a trabajos en máquinas con perfiles de resistencia adecuados, calisténicos y posteriormente ejercicios con mancuernas.